A la hora de plantearnos qué mejoras debemos llevar a cabo en nuestro restaurante necesitamos en primer lugar disponer de la información suficiente, y en segundo lugar de un plan de trabajo claro y conciso que nos muestre qué pasos debemos ejecutar para alcanzar dichos objetivos.

Pero ahí no acaba el trabajo, porque la parte más complicada de este cambio es el cómo lo llevaremos a cabo. Por ello en este artículo me planteo dar unas pautas o directrices de cómo deberíamos liderar el cambio para poder alcanzar los objetivos y comprometer a todo el equipo humano.

¿Qué deberíamos considerar?

  • Los objetivos deben definirse de la forma más concreta posible. No hay nada mas contraproducente que fijar un objetivo que pueda ser interpretado de formas diversas. Ejemplo: vender mas no es lo mismo que vender un postre más cada día.
  • Debemos empezar por lo que funciona bien. ¿Qué está funcionando bien en nuestro restaurante? Siempre en todo restaurante hay cosas que funcionan de forma adecuada. Por ello no debemos bajar la guardia, al contrario, lo que funciona bien debe ser la base para alcanzar los nuevos retos.
  • Bajar al máximo nivel del detalle. Cuando nos planteamos una mejora necesitamos desglosarla al máximo detalle, ya que cada miembro del equipo debe conocer todos los pasos que debemos llevar a cabo y cómo hacerlo. El detalle nos evitará las posibles confusiones.
  • Fijar el piloto automático en la dirección deseada. Cambiar es fácil si el equipo sabe dónde queremos llegar y sobretodo, porqué vale la pena llegar hasta allí. Muchas veces creemos que todo el equipo valora de la misma forma el cambio, pero no es cierto, por eso es importante argumentar y mostrar los beneficios que conseguiremos si llegamos al objetivo
  • Hacer que el cambio parezca y sea sencillo. Hoy sabemos que lo sencillo funciona, por tanto ¿por qué tenemos que hacerlo complicado?. Hagámoslo sencillo, tan solo necesitamos eliminar las “tentaciones” que hacen que se repitan los malos hábitos. “Muerto el perro muerta la rabia”
  • Nuestro equipo posee los recursos necesarios para cambiar. Esto es un punto fundamental, ya que si no confiamos en nuestro equipo tenemos un grave problema. En última instancia soy yo mismo el que selecciona al equipo…
  • Los cambios deben verse y sentirse. Para ver un cambio debemos enseñarlo y además conseguir que cada uno lo sienta como propio. Y para sentirlo como propio debemos dar un voto de confianza. Debemos generar el sentimiento de control, y la autoridad para tomar decisiones.
  • Cambiar aquellas situaciones que no queremos. Cuando la situación cambia el comportamiento cambia. El comportamiento del equipo humano es cuestión de percepciones, y la forma en como percibimos una situación, hace que lleguemos a cambiar nuestra actitud.
  • Construir nuevos hábitos. Todo plan de mejora requiere de nuevos hábitos. Por ejemplo, si queremos que nuestro equipo revise, limpie y acondicione las botellas de aceite y vinagre antes del servicio, no basta con decirlo. Debemos hacerlo con ellos varias veces hasta que el hábito se consolide. Y construir nuevos hábito requiere tiempo.
  • El comportamiento es contagioso. Cuando más de una persona empieza a poner en práctica los comportamientos deseados, se acaba contagiando al resto del equipo. Y para hacerlo más eficiente, debemos empezar con aquellos miembros del equipo que sean más receptivos y muestren un mayor nivel de compromiso con los objetivos fijados.

Si a la hora de generar cambios en nuestro restaurante conseguimos poner en marcha gran parte de estas directrices, el cambio está asegurado. No obstante, gestionar un equipo de trabajo no es fácil, pero no disponer de las herramientas o estrategias necesarias para conseguirlo es aún peor.

Lluis Codó Pla

Director ISGEG

www.lluiscodo.com

www.isgeg.org

www.horecasolutions.biz

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